
El inicio de la Segunda Guerra Sino-Japonesa, en 1937 generó roces entre el Imperio Japonés, los Estados Unidos y el Imperio Británico. Los Estados Unidos y el Reino Unido reaccionaron ante las acciones militares del Japón en China imponiendo un embargo de metal en bruto seguido por uno de petróleo, además, enviaron ayuda militar encubierta al gobierno del Kuomintang. Cuando Japón ocupó la Indochina, colonia francesa en 1940, las potencias occidentales respondieron con una congelación de bienes y el cierre del Canal de Panamá para naves japonesas. El embargo petróleo era especialmente importante para Japón, pues carecía de recursos petroleros propios. Estas medidas amenazaban con estrangular la economía nipona, por lo que se iniciaron negociaciones diplomáticas para levantarlas. Las negociaciones diplomáticas alcanzaron su punto culminante con la Nota de Hull el 26 de noviembre de 1941, el cual fue descrito por el primer ministro Hideki Tōjō como un ultimátum, ya que se les solicitaba salir de China. Los estadounidenses declararon después de la guerra que no incluían a Manchuria dentro del término China, pero esto no fue claro para Tojo, que consideró que solicitar la salida de Manchukuo era un insulto. Los líderes japoneses decidieron que sólo les quedaban 3 opciones: ceder ante las demandas de los Estados Unidos y el Reino Unido y retirarse de China, esperar que la escasez de petróleo debilitara a sus fuerzas, o aumentar las dimensiones del conflicto e intentar adquirir las fuentes de petróleo del Sudeste asiático. Finalmente se decidieron por esta última opción.
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